Trabajar en una residencia de ancianos

Tenemos el placer de leer el primer post de la colaboradora Noelia. En él nos cuenta como fueron sus inicios en el mundo laboral enfermero, concretamente, de trabajar en una residencia de ancianos

Durante la etapa universitaria, nos enseñan un montón de técnicas fantásticas, como intervenir en situaciones críticas, protocolos, qué decir, cómo decirlo….pero todo teoría.

Después vas a las prácticas, lo que llevas soñando desde que empiezas la carrera. Tomas contacto con la práctica diaria de enfermería, aquello a lo que vas a dedicarte el resto de tu vida.

Diferentes plantas de hospitalización, en las que aprenderemos a desenvolvernos (al menos, un poco; porque la perfección se aprende con los años), donde vamos empezando a descartar (quirófano, urgencias, pediatría, atención primaria; lo que me gusta, lo que preferiría no volver a probar…). Nos ponen el caramelito delante, y nos quedamos obnuvilados

Los tutores clínicos son una fuente de sabiduría, pero no solo se aprende de ellos, sino también de médicos, auxiliares, celadores……sobre todo de los pacientes y familiares.

Y así, cuando ves todo esto, acabó todo. 4 años pasaron volando y…¿ahora qué? Ahora tienes la incertidumbre de qué hacer. ¿Estudiar para opositar a la especialidad? ¿Estudiar para opositar al servicio público de sanidad? ¿O empezar a trabajar?

En mi caso fue compaginar ambos, estudio y trabajo. Pero no ha sido nada fácil. Porque todo el mundo acaba la carrera y quiere trabajar en un gran hospital, en un servicio que exija mucho, y sea apasionante. Tenemos en la mente series como Urgencias, que nos hacen soñar con dar lo mejor de nosotros trabajando bajo presión y a contrarreloj. Pero no es fácil.

Recién graduadas, aun no estamos en las bolsas de empleo temporal públicas, y en la mayoría de las privadas, te exigen mil años de experiencia. E intentas seguir adelante. Mandas miles de CV, arreglas miles de documentos para las bolsas, y si tienes suerte (como ocurre este año) salen muchas convocatorias de oposiciones.

Pero tras tanto insistir, por fin alguien te da una oportunidad. Una de las tropecientas empresas a las que envías tu CV (y al principio no sabes qué será), te llaman y después de una entrevista extensa, te dicen que en 5 días tienes que estar en la otra punta del país.

Y ahí empieza la histeria: preparar todo lo que hay que llevarse, buscar piso…pero lo más difícil fue despedirme de mi familia y mis amigos.

Al principio fueron muchas lágrimas y abrazos. Cada vez que alguien me preguntaba donde iba, y les contaba; escuchaba lo mismo: ¿Tan lejos para trabajar solo en una residencia?¿No es muy poca cosa?

He escuchado muchas veces esa frase, desde que empecé a trabajar, y después de llevar unos meses trabajando de ello, no me arrepiento de haberlo hecho.

Hay mucha gente que ve que trabajar en una residencia es menos que trabajar en un hospital, que solo estamos para dar las pastillas que les corresponden. Incluso al principio yo pensaba que era así; pero cambié radicalmente al tomar contacto.

No haremos grandes técnicas, ni intervenciones super llamativas. Pero enfermería no son solo técnicas instrumentalizadas, sino también acompañar. Así fue como empezó todo, ayudando a aliviar el sufrimiento. Acompañando al enfermo.

Debemos acordarnos del origen, para no perder de vista nuestra esencia, que es cuidar.

Enfermería no es medicina de segunda, sino cuidados de primera.

Nota enfermería real: las enfermeras y enfermeros valemos todos por igual. Da igual que trabajes en UCI, primaria, urgencias o residencia de ancianos. Por suerte, hay muchas opciones distintas de especialidades de enfermería y todos somos buenos en ámbitos distintos (que aburrido sino) y sobretodo: somos igual de necesarios y útiles. 

Este post está escrito por la colaboradora Noelia. Si como Noelia, quieres que publiquemos tu post, mandalo a laenfermeriareal@gmail.com