La enfermería real, la enfermería imperfecta

Hoy vamos a hablar de la enfermería real, la enfermería imperfecta, la cara menos bonita de la enfermería. En los últimos años y con la aparición de influencers de la enfermería, se ha vendido una imagen demasiado idílica y, permitenme decirlo, cursi, de la enfermería. Con eso no quiero decir que la enfermería no sea bonita o no tenga cosas buenas, que hay muchas, sino no seríamos enfermeros, pero no debemos olvidarnos de las partes menos bonitas de la profesión, en definitiva, de la enfermería real e imperfecta, ya que no todo son jeringuillas sonrientes y tiritas molonas.

Incluso antes de ser enfermero, en las prácticas, ya se tienen las primeras experiencias enfermeras negativas y los motivos pueden ser muy diversos. Un claro ejemplo es tener una mala experiencia con la enfermera que te enseña. Aquí descubres que no todas las enfermeras son alegres, simpaticas y dulces, también hay enfermeras, que por las razones que sea están quemadas, malhumoradas o que no desempeñan bien su trabajo. Todos hemos visto esa enfermera que no se esfuerza, hace las curas mal (si las hace), hace las técnicas sin tacto, se pasa los protocolos por el forro, habla mal a sus pacientes, que hace lo mínimo durante el turno para cobrar a fin de mes, que critica a sus compañeras y les hace la vida imposible o que te maltrata a ti, como estudiante y la ilusión de hacer prácticas se te quita en cero coma.

Como estudiante, también puedes sentirte inútil o mediocre, te das cuenta que no sabes lo suficiente como para desenvolverte bien, que la cagas poniendo vías, que hay que pinchar a los pacientes dos veces porque has fallado, has tardado en conectar la bolsa de diuresis a la sonda y has manchado toda la cama de orina, has tocado algo estéril, has aguantado broncas de médicos, de enfermeras, de pacientes o de familiares, has sentido que te rechazaban por ser de prácticas y no se han fiado de ti. Porque, compañeros, no todos los pacientes o familiares son simpáticos y agradecidos.

Tenemos una imagen errónea de pacientes que te regalan bombones y te quieren emparejar con su nieto, que existen, pero por desgracia no son mayoría.  Hay pacientes y familias que te hablan mal, que te agreden, que te desprecian, que te cuestionan y te hacen sentir mal. Otros van de expertos y te dicen que tal cosa la estás haciendo mal y que se hace de otra manera. Hay pacientes y familias que te amenazan, se quejan de ti a la supervisora sin motivo o incluso te denuncian. De todo eso no se habla nunca, porque es más bonito dar una imagen idealizada de la enfermería donde todo son abuelitas entrañables y dulces.

Hay días que te vas a casa realmente mal, ves a pacientes sufrir y tu sientes que no tienes los medios suficientes para paliar su sufrimiento, ya sea físico o emocional. Te has ido a casa rallada porque no has sabido animar a un paciente o responder a una pregunta que para él era importante y cuando llegas a casa das con la respuesta correcta, pero ya es tarde. El otro día no supiste qué decir a la mujer de 34 años que le acababan de diagnosticar un cáncer de mama fulminante o al marido de la mujer que ha fallecido en un accidente o a los padres de un bebé nacido muerto. Somos humanos, las cosas nos afectan y a veces nuestras emociones nos bloquean. Por otro lado, en la facultad poco nos enseñan a lidiar con esas situaciones y sobretodo al principio, no sabes muy bien qué decir o cómo actuar.

Otras veces te vas a casa y te acuerdas de que te has olvidado alguna cosa, a veces más importante, a veces menos: no le he dado el calmante a la de la 435-B que me pidió a las 20h, no cambié el catéter que vi un poco rojo y lo dejé para más tarde, no despincé la sonda vesical, no escribí en el curso que el de la 220 mañana tiene un TAC y así mil cosas.

Actualmente, en la mayoría de centros, las enfermeras llevan más pacientes de los que se pueden asumir y hay ocasiones en las que no has podido entrar a la habitación de un señor autonómo, que vale que al día siguiente se va de alta y no necesitaba nada, pero lo ideal sería haber entrado, lo que pasa es que se te ha picado la planta y has priorizado las necesidades. Hay familias o pacientes que se enfadan porque no les has prestado suficiente atención, pero está feo decirles que has estado en la habitación del lado la mayor parte del turno porque acompañabas a un paciente que se estaba muriendo solo, porque la familia no lo ha hecho o estabas con el médico intensivista ayudando a intubar un paciente para bajarlo corriendo a la UCI.

Luego navegas por las redes sociales y ves publicaciones de gente que se queja porque escuchan a enfermeras hablar de asuntos que no son laborales o reír, y te sientes frustrada porque no entienden que también somos personas y necesitamos momentos de desconexión, al igual que 10 minutos para desayunar. Suele pasar que en el momento de desayunar siempre te busca algún familiar y si no te encuentra se enfada, porque claro, las enfermeras no pueden desayunar, es pecado, aunque ellos, el día anterior se lo pasaron entero en la playa y su familiar solo en el hospital

Familias que se quejan de que su pariente no está levantado y ya son las 11h, pero no entienden que has hecho tropecientas curas, has pasado visita con los médicos, has levantado a otras personas que necesitaban hacerlo antes o te has pasado rato con el criticón mirando constantes, pero claro, su familiar tiene que ser el primero en todo, igual que los otros 40 pacientes de la planta.

Has aguantado desprecios de médicos, broncas, humillaciones pero has tenido que ser fuerte y seguir tu turno con una sonrisa, morderte la lengua para no contestar y hacer como si nada. Has escuchado críticas de otras compañeras: que si vas lenta, que si te entretienes demasiado, que si hablas mucho con los pacientes y trabajas poco, o que eres muy seca, que si tienes el carro sucio, que no ayudas a las otras, que ayudas demasiado… hagas lo que hagas estará mal, porque hay cierta tendencia a querer pasar por encima de las otras compañeras y ser la mejor, la que más trabaja, la que peor tiene los pacientes siempre…

Otro tema estrella es el del relevo, tu siempre llegas media hora antes para pasar el parte con tranquilidad y la que te hace el relevo a ti viene tarde y te vas tú media hora tarde, por lo tanto, has estado una hora más en el hospital.

Enfermería, como cualquier otra profesión, hacemos muchos fallos, nos equivocamos, pero como trabajamos con personas, la consecuencia es más grave que si trabajamos con madera. Nos equivocamos de medicación, la damos a otro paciente o a una dosis muy superior, damos medicaciones a personas con alergias y cuando ocurre, el paciente te dice que ya se lo había comentado a la enfermera de ayer, pero se le olvidó apuntarlo en el curso y problema. ¡Cuanta falta de comunicación hay! Luego pasa el médico y le dice al paciente que se va de alta o que se va a quirófano y cuando entras en la habitación del paciente y te lo comenta, tu cara es un poema porque el médico no te ha dicho nada y no lo sabías, ahora toca improvisar.

Hay días en que todo sale al revés: el de farmacia te sube la medicación muy tarde o se olvida de alguna, el de cocina se olvida de una dieta, alguien ha vomitado en la habitación y la de la limpieza no sube o no te hace una alta urgente, el celador desaparece, ingresos que llegan sin avisar en el peor momento, y claro, compañero, todo eso te lo comes tu con patatas, porque tú, como enfermera, tienes que dar la cara y apañar esos contratiempos. 

El médico siempre pasa cuando ya has hecho la cura y claro, la quiere ver y tienes que deshacerlo todo para que la vea 10 segundos y luego pasarte otra hora más haciéndola. Has hecho la cama y cinco minutos después el paciente la mancha de orina, vómito, sangre o lo que sea. Ese paciente que se arranca la vía una y otra vez y ya no sabes dónde pinchar.  Aquel paciente que lleva contención pero la familia te pide que se la quites un rato, que ya están ellos y cuando se despistan un momento y se van a por un café, paciente al suelo y la bronca para ti.

Pacientes que tienen muchas quejas respecto a la atención médica, se desahogan contigo, te gritan, se quejan, despotrican del médico pero cuando viene el doctor a visitarles, todo son sonrisas y agradecimiento, no se atreven a decirles lo que nos acaban de decir a nosotras.

Otro asunto no menos importante son las condiciones laborales a las que estamos sometidos: contratos de pena, si consigues el 60% estás de suerte, pero acabas trabajando al 100% y cobrando el 60, porque te llaman cada dos por tres en plan “¿puedes venir esta tarde que Fulanita no puede?” y venga, tu que ya tenías la toalla a primera linea de playa te toca ir corriendo al hospital, no vaya a ser que te echen y ojo que estos días extra no los cobras, te dicen que ya te los devolverán y eso nunca llega. Te hartas de trabajar todos los festivos, la navidad entera, con suerte te dan fiesta el 6 de enero pero como no tienes hijos te la sopla ver a los reyes magos, eso si, las fijas vacaciones todas las navidades pero como tu, hasta de aqui 15 años no serás fija (con suerte), te toca pringar siempre. Además es una edad difícil, pienso que la estabilidad en enfermería llega mas o menos a los cuarenta años o más y antes te pasas con condiciones nefastas unos cuantos años que además suelen coincidir con la época de formar una familia, pero claro, no voy a tener un hijo ahora porque si lo tengo me echarán o me estancaré en los puntos de la bolsay así pasan los años, siempre anteponiendo el hospital a tu vida. 

Otro tema de risa son las listas de empleo de hospitales públicos, donde “en principio” funciona mediante puntos. Tu te matas a hacer tropocientos másteres, cursos y de todo para subir nota y luego ves que Maricarmen que solo tiene 12 puntos pero es la nuera de la supervisora de la octava tiene un contrato de 6 meses y tu que tienes 40 puntos y no tienes ni suegra, tienes un contrato de 5 días… la sanidad pública daría para otro post…

Con eso quiero decir que la enfermería no es tan Mr Wonderfull como la pintan, tiene sus días, evidentemente, pero hay otros muchos donde las situaciones te superan, te frustran, te queman y te desaniman o te hacen sentir mala enfermera, porque tu no ves jeringuillas sonrientes por todas partes o no llevas unos zuecos de colorines, los tuyos son mangados del quirofano