Etapas del duelo

Según la Real Academia Española, el duelo se define como dolor, lástima, aflicción o sentimiento, demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien. Se refiere al conjunto de procesos psicológicos y psicosociales que siguen a la pérdida de una persona con la que se está vinculado afectivamente.

Cualquier tipo de pérdida requiere de la elaboración del duelo, por ejemplo, ante pérdidas de salud o de partes anatómicas o circunstancias personales (pérdida de trabajo o de pareja).

Características del duelo

El duelo se considera un proceso normal en la vida de las personas y se pueden identificar algunas características comunes:

  • Es importante tener en cuenta la situación estresante a la que se enfrenta una persona tras la pérdida de un ser querido.
  • Periodo de tiempo entre la aparición del estrés y el inicio de la sintomatología. La razón de exigir un tiempo límite es la necesidad de demostrar que la sintomatología no está producida por un factor desencadenante anterior al tiempo. En el caso del duelo, el malestar psicológico siempre empieza en los primeros días tras el fallecimiento.
  • La clínica que presenta la persona con duelo incluye sintomas emocionales (ansiedad, depresión, irritabilidad), alteraciones de la conducta y somatización del mal estar psicológico.
  • El tiempo considerado normal ronda el año, aunque puede durar incluso dos años, sin necesidad de que el duelo sea patológico.

Etapas del duelo

La mayoría de las teorías que abordan el duelo hablan de fases de adaptación por las que pasa el individuo. La teoría más importante es la de Kübler-Ross en 1969, al estudiar la transición emocional que experimentan los pacientes terminales ante su propio fallecimiento, pero incluye también a sus familiares.

Estas etapas son:

  • Negación: es normal que justo tras la noticia del desenlace, la persona muestre dificultades para aceptarla y puede decir frases como “esto no me puede estar pasando a mi”. Es una defensa temporal para el individuo ante la abrumadora situación.
  • Ira: en esta segunda etapa, la persona asume que no puede continuar negando la situación. Los sentimientos que aparecen son de rabia e ira y puede decir frases como “no es justo”. Cualquier situación que le muestre la vitalidad o el bienestar de otros va a provocar la aparición de estos síntomas.
  • Negociación: el paciente trata de hacer pactos o promesas para prolongar su vida. Puede verbalizar frases como “Dios, si me dejas vivir hasta el nacimiento de mi nieto, prometo ir a la iglesia cada día”. Es una etapa en la que prevalece la esperanza de poder posponer la muerte.
  • Depresión: en esta etapa, la certeza de la muerte es comprendida. La persona se puede mostrar distante, silenciosa, rechazar visitas y lamentándose durante largos periodos. Aparece la desesperanza ante lo inevitable. Se verbalizan frases como “ya no tiene sentido seguir luchando”. Es una frase importante de preparación a la siguiente y no es aconsejable intentar animar a la persona, ya que supone una manera adecuada de procesar la situación, produciendo cierta anestesia emocional.
  • Aceptación: la persona entra en sintonía consigo misma y con su situación. Supone el fin de la lucha contra la muerte, la aceptación de lo inevitable. Llegan sentimientos de paz y deseos de estar con sus seres queridos.

Otros modelos definen estas etapas como:

  • Evitación: en ocasiones, la pérdida de un ser querido puede ser imposible de asimilar. Si las circunstancias de la muerte son ambiguas, la persona se aferra a una falsa esperanza de que haya sobrevivido. La persona espera la llegada o la llamada de la persona y actúa como si nada ocurriese. En esta fase se intentan buscar culpables de la pérdida. Es mayor cuando la muerte era imprevista.
  • Asimilación: es una fase adaptativa más realista. Confirma que el proceso del duelo se está llevando a cabo de forma adecuada. Después de descargar la ira y la evitación, la persona empieza a experimentar soledad y tristeza. Se produce un distanciamiento, pueden aparecer pensamientos recurrentes, casi obsesivos, en relación con el difunto. Suelen aparecer síntomas depresivos y de ansiedad. También pueden aparecer síntomas físicos por el estrés prolongado como problemas gástricos, deterioro del sistema inmunológico o problemas cardiovasculares.
  • Acomodación: ocurre cuando la persona ha podido adaptarse a la pérdida de la persona y asumir las modificaciones que producirá este suceso en su vida. La angustia y la tensión van cediendo, se va recuperando el autocontrol emocional y se mejora la salud física.